Con anticipación se esperó el encuentro. Todo giraba en torno a un solo tema: la pasión verde. La pasión que por generaciones a sido transmitida de padres a hijos, sin importar raza, casta, edad, posición social. La pasión es la misma y se vive con la misma intensidad.
La madre de todos los partidos llegó. La semi final, en la que se encontrarían cara a cara dos naciones con una historia, no de amistad; pero cargada de rivalidad. India de azul, enfrentando a Pakistán de verde. La pasión verde se encontraba frente a un conocido rival, el azul del cielo de India.
La euforia estaba en el aire, la tensión en los rostros y la esperanza en el alma. La fe de que poder vencer a ese rival, a ese único adversario y cargar con la gloria de la victoria. La expectación y la pasión fue tal que se declaró medio día de jornada laboral.
Millones de ojos se posaron sobre los televisores para ser partícipes de un encuentro entre dos fieras. La pasión se sentía en el aire, la atmósfera se cargó de entusiasmo para animar a esos seres en sus trajes verdes representando una pasión.
Por ocho horas, el mundo se detuvo para obervar el ballet del cricket, en el que no sólo se jugaba una semi final, sino la pasión, la pasión colonial heredada y que ahora hierve fervientemente en la sangre, la pasión por ganar a India, la pasión por destrozar su juego, la pasión por conorarse triunfantes ante ese gran rival. Por ocho horas, el mundo de cricket se olvidó de sus deudas, de sus problemas, por ocho horas se olvidó de la crisis, de la angustia del día a día, por ocho horas la pasión fue perfecta.
Las calles vacías eran testigos silenciosos de la pasión de un grito al unísono por los logros conquistados. Las calles, fueron testigos también de la decepción, de la tristeza, de la desesperanza de la derrota. India fue superior y el color verde no prevaleció sobre su rival.
El azul vibró por las calles de Mumbai, donde los espíritus verdes buscaban pasar su tristeza, decepción y desolación desapercibida por la euforia azul. No todo está perdido, la pasión sigue ahí, la pasión seguirá ahí, esperando el momento en el que la revancha favorezca a la furia verde. Y mientras tanto, los fieles espectadores, esperan a que ese día llegue. El 30 de marzo de 2011 será recordado como el día en India y Pakistán lucharon en el campo de cricket, donde India triunfó.
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